Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Se acercaron al borde.
Los empujó, y volaron.

Guillaume Apollinaire

martes

Polvo




Él todavía es
viento

Ha de ser ola y
luego, fuego

Modelarse en tierra

Y quizás para entonces
yo sea piedra
o polvo

mas polvo huracanado.


.

viernes

'Ver'


“… Y el arte ‘propio’, para Joyce, tanto con respecto a la materia sensible como a lo inteligible, reside en la percepción estética desinteresada, en la aprehensión, en lo sentido, mientras que el arte ‘impropio’ es el que está al servicio de intereses distintos de la estética…, como puede ser la ética, la economía, la sociología o la política.

                Hay dos tipos de arte impropio: el que despierta el deseo del objeto representado y el que suscita la aversión o el miedo al objeto. Al arte que despierta el deseo, Joyce lo llama pornografía. En este sentido, todo el arte publicitario es pornográfico, ya que está destinado a promover en el espectador el deseo de poseer de alguna manera el objeto representado. El retrato es pornográfico si no expresa otra cosa que la similitud, si su objetivo es evocar en la mente la persona (o el animal) representado, en lugar de atraer la vista y el sentimiento hacia la pintura en sí misma, dentro de los límites del marco en que se presenta. De la misma manera, un paisaje que sólo sea de interés como anuncio o recuerdo de un determinado lugar, en vez de presentarse como una disposición estéticamente atractiva de la materia sensible que es su objeto dentro de los límites de la representación, es, a los ojos de Joyce, pornográfico. […]
 
            Al arte que suscita aversión o miedo, Joyce lo llama didáctico. La sátira, el retrato irónico o burlesco y la crítica social son didácticos y, por lo tanto, desde la perspectiva de Joyce, arte impropio. Tanto el arte fascista como el marxista son, desde luego, didácticos, deliberadamente; pero en Europa y también en Norteamérica, desde la época de Émile Zola (1840-1902), la didáctica sociopolítica ha empezado a considerarse en muchos ámbitos como la única justificación del arte, que de otro modo se tiene por ‘escapista’ o encerrado en su propia ‘torre de marfil’.

            Todo arte ‘impropio’, ya sea pornográfico o didáctico, mueve al espectador, o, al menos, se propone moverlo, a la acción, ya sea con una actitud de deseo o de miedo o repugnancia hacia el objeto. Lo acerca o lo aleja de él, por lo que Joyce lo califica de cinético (del griego kinetikos, de kinein, ‘mover’);  por el contrario el arte ‘propio’ es estático (en griego, statikos, ‘que genera quietud’).  Hablamos, por ejemplo, de un ‘arrebato’ o una ‘parálisis estética’; una situación que no induce a ningún tipo de movimiento, sino a una detención en la contemplación y el goce (estético). En palabras de Joyce: ‘La mente se detiene y se eleva por encima del deseo y la aversión’.

            Es esta elevación de la mente y, con ella, del ojo que contempla, por encima del deseo y la aversión, del deseo y del miedo, lo que asemeja a la vía del arte y al artista con el místico. Sin esa transformación que es a la vez de la conciencia y de la visión, no puede atravesarse el umbral al reino del arte. Las técnicas por sí solas no sólo son inútiles sino que pueden descarriar incluso al artista dotado de talento; así como, en la vía del misticismo, la adquisición de poderes psicofisiológicos impresionantes mediante el ejercicio del yoga puede llegar a ser causa de extravío del practicante. Lo advierten muchas leyendas indias, que hablan de demonios que a fuerza de su extrema perseverancia, alcanzaron a través del yoga tan extraordinarios poderes (siddhi), que pudieron incluso destronar a los dioses y adquirir el control del universo. […]  De manera parecida, el efecto que ha tenido sobre la mentalidad popular en el mundo actual el persistente didactismo sociopolítico de los medios de comunicación, en combinación con la publicidad pornográfica (a la manera de los dirigentes de la decadente Roma, cuando ofrecían a su población ‘pan y circo’, panen et circenses), ha sido desatar los Jinetes del Apocalipsis a escala planetaria en el siglo XX (Apocalipsis 6: 1-8). ¿Qué estallido del espíritu hará falta ahora para reducir a la nada al monstruo de mil cabezas que nos asuela?

            Ha de ser un estallido silencioso que, además, no generará su efecto sobre todos nosotros de una sola vez. De hecho, las condiciones para su aparición ya están dadas. …”

 

‘Las Extensiones interiores del espacio exterior’  JOSEPH CAMPBELL (Ed. Atalanta)