Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Se acercaron al borde.
Los empujó, y volaron.

Guillaume Apollinaire

lunes

Una luciérnaga

Viento

Pasabas cerca, te ibas, venías,
hasta que un día hace ya
te acercaste muy lentamente.

Te temía tanto
que huía cuando me buscabas
pero te miraba cuando te alejabas.

Estaba escrito
que me acompañarías
que te conocería.

Nunca te hubiera elegido,
nunca.

Me forzaste a través de estancias
que jamás hubiera pisado.
Dolía y quería abandonarte, no podía,
siempre acababa quedándome contigo
cuando otros querían que te dejara.

Me revolví, me escondí, me vencí.
Ahora veo que era necesario
transitar por donde me llevaste
y ver lo que se ve desde ahí.

Descubrí que eres la espalda
de quien más amo,
querías saber cuánto
podía arriesgar por ti,
así que me obligaste a ir por detrás.

He llegado,
estoy aquí, contigo,
puedes darte la vuelta.


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jueves

Jueves de abril año 2011

“…me acuerdo de lo que le oí decir una vez en un almuerzo privado al antropólogo Julio Caro Baroja. Habló de la angustia que padecía su amigo Dámaso Alonso al haber reparado a sus ochenta años que el más allá no existía y que la muerte era el fin de todo. Nada más acabar su frase Don Julio miró a lo lejos unos instantes, encogió los hombros y dijo con una leve sonrisa insinuada en las comisuras de sus labios: -¡será imbécil! ¿Y él qué sabe?-.

Pues bien, ¿no será finalmente ésta la única respuesta válida a la pregunta sobre la muerte? Donde no se puede preguntar no caben las respuestas. Lo consecuente es la abstención agnóstica, en su verdadero sentido etimológico, en cuanto a saber que no se sabe, lejos de las consabidas proclamas materialistas esgrimidas con tanta fe, desesperanza y vanidad.

¿Qué hacer entonces frente a tanta perplejidad? Acudamos a la ciencia, dirán algunos. Conforme, veamos qué dice la ciencia al respecto. La historia del universo es para la física y la biología la historia evolutiva de la materia. En este contexto puramente material, la vida y la conciencia humana se contemplan como hechos accidentales, productos secundarios de su desarrollo, surgidos azarosamente hace millones de años. En el marco de la neurología, la conciencia constituye un epifenómeno del cerebro. Es una teoría sólidamente argumentada, pero sólo desde un punto de vista funcional: si se nos ocurre llevarla hasta sus últimas consecuencias causales, su inconsistencia se hará patente al no existir ninguna evidencia empírica de cómo pudo producirse este prodigioso brote del espíritu humano en los rudos y peludos cráneos de los homínidos prehistóricos.

Podemos recurrir también a las más modernas técnicas de resonancia magnética en busca de respuestas, pero el resultado será análogo. Pueden señalar con precisión cuándo un pensamiento o una emoción particular se asocian con los cambios metabólicos del cerebro, pero no existe ninguna demostración empírica de cómo las células cerebrales, productoras de proteínas y señales eléctricas, tienen la capacidad de generar sensaciones, pensamientos, emociones, imágenes o cualquier otro elemento de la conciencia. Se supone que son los procesos neuronales los que crean la consciencia, por la sencilla razón de que se dan por sentado, como algo inapelablemente lógico, pero la cruda verdad es que se desconoce el puente de unión que existe entre los procesos cerebrales y los de la conciencia. A pesar de la ingente y detallada información que disponemos sobre el funcionamiento cerebral, aún no sabemos cómo las neuronas del cerebro son capaces de dar ese salto prodigioso y producir la infinidad de sensaciones cualitativas que constituyen el complejo fluir de la conciencia. De manera que la teoría del epifenómeno cerebral se basa en una hipótesis y no, como normalmente se nos hace creer, en una certeza.

La segunda cuestión presenta una consecuencia más irónica. Podemos creer firmemente que la conciencia procede de una estructura únicamente material compuesta de circuitos y neuronas, pero en este caso tampoco podríamos contestar de una manera definitiva a la pregunta de qué es la materia. Sofisticados conocimientos de física y biología pueden aportarnos un portentoso cúmulo de informaciones sobre su composición y funcionamiento, pero al llegar al nivel subatómico, la estructura material se vuelve tan extraña y paradójica que, si somos sinceros (como decía Feynman), debemos admitir que no comprendemos lo que significan los presupuestos de la física cuántica. Es decir, que la función de onda se divide en dos realidades que existen juntas, que el observador provoca el colapso de la función de onda, que una partícula puede estar en dos sitios a la vez, o, como dice la teoría de cuerdas, que pueden existir once dimensiones en la materia o que el universo se puede multiplicar indefinidamente…

Finalmente, la materia se ha convertido en un misterio tan insondable y metafísico como fue Dios para los teólogos.

Expresado en términos fisiológicos, hoy sabemos que lo que llamamos morir es el precio que paga la vida de un organismo viviente por el aumento de su complejidad estructural. La investigación biológica ha descubierto que las especies más simples se perpetúan, dividiéndose sin término. Esto significa que su proceso continuo no contempla la condición mortal. Su bipartición sin fin hace que los organismos monocelulares no conozcan la senilidad, y vivan, por así decirlo, indefinidamente. En este sentido, son inmortales. En cambio, los cuerpos del reino vegetal, animal y humano se descomponen y mueren a causa de su complejidad estructural. Aun así su muerte individual solamente afecta a la estructura material de su cuerpo como totalidad, ya que sus elementos no desaparecen, sólo se transforman absorbidos por los componentes inanimados de la biosfera, o se diseminan para nutrir otras formas de vida terrestre. La materia, por tanto, nunca perece: se transforma sin fin. La pregunta es: si un cadáver se descompone y sus componentes físicos continúan existiendo, ¿qué sucede con los invisibles componentes psíquicos de la conciencia?”

‘El mundo bajo los párpados' de JACOBO SIRUELA

Herbert Brandl

miércoles

Friedrich

Darse por vencido, quitarse del medio

"El acto único del artista por el que se puede cambiar la historia consiste precisamente en la expresión del misterio en virtud del cual tiene lugar el sacrificio de lo más querido, pero que a diferencia de las historias narradas en las tragedias antiguas, en donde el hijo querido se sacrifica cruentamente, ahora se convierte en un sacrificio interior, en un sacrificio del yo, o en los términos de Rothko en un sacrificio de la expresión de sí mismo. El yo debe eliminarse del proceso mediante el cual se da una comunicación entre el cuadro y un ser humano. El acto único de Abraham consistió en comprender que Yahvé no quería la sangre de Isaac, sino la renuncia de sí con la que empieza toda obra creadora. Se trata de un cambio de la mirada, que trasladado a la creatividad artística tiene una relevante significación en el orden no sólo de lo estético sino también de lo ascético. Rothko ya se había manifestado en varias ocasiones sobre este asunto:

'Nunca he pensado que pintar un cuadro tenga que ver con la expresión de uno mismo. Se trata de una comunicación acerca del mundo dirigida a otro. Si esta comunicación es convincente el mundo cambia. El mundo ya no fue el mismo después de Picasso y Miró. La suya fue una visión del mundo que transformó nuestra visión de las cosas. En arte, cualquier enseñanza acerca de la expresión de sí mismo es errónea y tiene que ver con terapia. Conocerse a sí mismo es válido si el yo puede quedar apartado del proceso. Pongo énfasis en esto, porque existe la idea de que el proceso de la auto-expresión tiene muchos valores en sí mismo. Pero producir una obra de arte es otra cosa y yo hablo de arte como un intercambio'.

Esa otra cosa que es el arte, en tanto que producción (techné), tenía que ver con el cambio de la mirada que el artista proporciona, aun no siendo él quien se expresa en tanto que sujeto. El artista es quien hace posible la aparición, la emergencia de la obra de arte, así como el diálogo con el espectador, el cual asiste al escenario de ese sacrificio individual que se da en todo acto creador. El artista crea el escenario y es su propio yo el que se sacrifica en él. El problema consiste en la credibilidad o la capacidad de convencer de ese cambio de mirada que ofrece el artista en tanto que profeta. La ambigua actitud de Rothko frente a su obra le hacía decir: “Quien quiera tener una experiencia de lo sagrado venga a ver mi obra, y quien quiera tener una experiencia profana venga también a verla”. Rothko no quiere destruir la diferencia entre lo sagrado y lo profano; ambas dimensiones forman parte del todo que sus cuadros expresan y por esta razón los sentimientos que se agolpan ante su obra son también de una enorme ambigüedad: una aparente calma se instala en quien los observa, pero con el tiempo es toda la violencia del sacrificio sintetizada en ellos la que se apodera de nosotros y nos arrastra a la compasión y los estados de emoción más exaltados:

'Sólo me interesa expresar las emociones humanas fundamentales, como la tragedia, el éxtasis, el destino…y el hecho de que mucha gente se derrumbe y se ponga a gritar cuando está delante de mis cuadros muestra que en ellos comunico emociones fundamentales… La gente que llora ante mis cuadros tiene la misma experiencia religiosa que yo tuve cuando los pinté.'

La experiencia religiosa a la que asistimos nos lleva a conmovernos al modo en que la pintura gótica nos deja en un estado de terror, primero, y paulatinamente nos va introduciendo en los misterios del dolor y la devoción. Todo ello puede acontecer en la medida en que el arte, como decía Rothko, muestra su cualidad táctil en consonancia con las emociones humanas. Lo que está en juego aquí no es sólo si el arte tiene una función curativa, sino más bien qué cabe entender por curación y salvación en el mismo contexto religioso."

'Sacrificio y creación en la pintura de Rothko' de Amador Vega Esquerra

martes

Martes

Mujer con alcuza (fragmento)

"Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.
(...)

Dámaso Alonso

domingo

'Mártires + Piedras' de Eduardo Alvarado


Exposición de Pintura de EDUARDO ALVARADO
Del 16 de abril al 16 de mayo
C/ Serrano, 5 - Madrid


Eduardo se sumerge en las entrañas de aquello que somos y en lo que nos rodea y nos conforma que también nos atraviesa y nos lo cuenta a través del acto de dibujar y pintar. Es grande.

"Días estupendos" - Alfredo Sanzol



Muchas gracias, Alfredo.

Esta es una historia de historias que nos recuerdan los días pasados de la infancia y sobre todo la intensidad de los veranos cuando éramos adolescentes y a través de ellos nos cuentas lo que has descubierto sobre la vida a lo largo de estos años, y cuando se busca de verdad yendo a la raíz lo que se encuentra es parecido aunque hay multitud de formas de contarlo y tú has encontrado y trabajado una muy lúcida y muy divertida. Todos tus montajes son extraordinarios, te agarran del…cuello y ya no te sueltan hasta el final. La segunda entrada de este blog hablaba de tu anterior montaje “Si, pero no lo soy” que luego sí pude verlo como creo haber visto la mayoría de tus obras y son un auténtico disfrute. Muchísimas gracias.

Esta obra se estrenó en octubre del 2010 en Madrid y están de gira hasta junio (en principio). Imperdible.

martes

Lindo Morenito

'Lindo morenito' de EDUARDO ALVARADO


Solo mira.

Hoy parecía medio sonreir
y después de mucho preguntar
me dice “tengo un secreto”.


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