Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Se acercaron al borde.
Los empujó, y volaron.

Guillaume Apollinaire

domingo

To wake up the need of feeling

De la entrevista publicada ayer en El Pais a Richard Serra,

...

P. Usted ha dicho en ocasiones que la escultura se ha considerado una extensión de la pintura. ¿Cree que es necesaria otra perspectiva?

R. No sé lo que otros piensan, pero el que la escultura haya sido considerada algo así como pintura tridimensional ha sido siempre una limitación. Se trataba de colgar una imagen en el espacio, sin que llegara a colectar el espacio dentro de sí misma o permitiera a la gente moverse dentro o en torno. Creo que ese ha sido un gran déficit. Otra cosa que los escultores no han tomado en consideración es que el material, cualquiera que este sea, siempre impone su propia forma a la forma. Si investigas las posibilidades de cualquier material -yeso, vidrio, madera, acero- y aprendes cómo utilizar tu material, él te va a dirigir hacia su potencial. Algo que la imagen nunca hará. El arquitecto Louis Kahn dijo: "Cuando veo un ladrillo le pregunto qué quiere ser". Porque él vio el potencial de la unidad de convertirse en una forma distinta. Yo llegué a la escultura no porque estuviera interesado particularmente por el acero, mi interés estaba en el espacio. Configurar el espacio usando el acero como materia. Encontré maneras de cortar el espacio con el acero. La línea es el corte.

P. Es como dibujar en el aire...

R. Toda esa idea de las líneas que cortan viene del dibujo. El subtexto para muchos artistas es el dibujo. Si quieres entender la manera en que un artista piensa hay que mirar sus dibujos. Todos los niños dibujan. Es su manera de comunicarse con el simple hecho de trazar una marca. En determinado momento, el niño se inhibe porque sus padres o maestros intentan corregirlo o darle ciertas pautas. Se les niega el gozo de marcar libremente. En mi caso no fue así porque mis padres siempre me animaron. Eso te da confianza en ti mismo.

P. La primera impresión sobre su escultura puede remitir a algo muy mental, frío, matemáticamente calculado. Pero cuando uno se enfrenta a ella lo que se produce de inmediato son emociones encontradas. Emociones o impresiones.

R. Pienso que lo que el arte hace es despertar en nosotros la necesidad de sentir. Si no hay sensación no hay experiencia. Puedes salir a la calle cada día y olvidas todo lo que has visto porque, a no ser que haya algo que afecte tus sentimientos, no se produce la emoción. Tiene que haber un gatillo que dispare la emoción. Sin embargo, eso no es algo que yo pueda calcular o buscar. Trabajo con problemas tectónicos y espaciales. No puedo predecir la forma en que la gente va a reaccionar, sentir o experimentar. Solo les presento una posibilidad y un potencial. No hago obras que predigan lo que vas a sentir, porque no sabría hacerlo.

P. Pero cuando usted tiene la idea de una forma, de una forma imposible, todo su esfuerzo, concentración y voluntad se centran en conseguirla. Como artista, esta parte del proceso es su satisfacción. Cuando está terminada es el público el que experimenta.

R. No es posible saber qué va a pasar. Ayer, en una entrevista, una mujer me preguntaba qué había de interesante en esto (señala a Olson), es solo una plancha de acero curvada. Si no le interesa, yo no puedo explicarle por qué. Le repliqué preguntándole por qué un lienzo cubierto de pintura es más interesante. Tiene que haber algo que te comprometa. Esta persona se resistía. La gente menos resistente son los niños, porque son muy curiosos e inquisitivos. Los niños que crecen con la idea de que la escultura es algo que debe ser experimentado. No es algo que deba ser desdeñado. Si menciono a Cézanne, piensas en algo determinado. Si menciono a Giacometti, Picasso o a cualquier otro, todos ellos proveen experiencias que el mundo no nos da, experiencias de las que carecemos. Eso es lo que llamamos cultura. Y si los chicos crecen con ello, tienen más posibilidades de ser receptivos.
...

Entrevista completa en: http://www.elpais.com/articulo/portada/Richard_Serra/Dibujar/acero/elpepuculbab/20110528elpbabpor_1/Tes

Cura Animae II

"Montaigne (el más sabio de los escépticos europeos) sugiere que lo más verosímil de los milagros, encantamientos o cualquier hecho de carácter extraordinario es que provengan del “poder de la imaginación” que actúa fundamentalmente sobre las almas del vulgo, “por ser más blandas”. Y en el capítulo XXI de sus Ensayos, titulado ‘De la fuerza de la imaginación’ insiste en esta idea al hablar de cómo los médicos tratan de ganar de antemano la fe de su paciente “para que el poder de su imaginación supla el engaño de su droga”. Con gran perspicacia psicológica, Montaigne escribe que todo ello se explica por la estrecha relación que existe entre el espíritu y el cuerpo, “que comunican entre sí sus destinos”. Este lúcido comentario final apunta intuitivamente a una visión holística de la naturaleza en la que el cuerpo y el espíritu son interdependientes. Nada más lejano de la credulidad que el escéptico Montaigne para hacernos entender cuál es el sentido terapéutico de las incubaciones de Epidauro.

Si podemos sacar una conclusión inequívoca de todo el material aquí reunido es que sus diferencias son únicamente nominales: en Epidauro, es Asclepio quien cura; en el caso relatado por Montaigne, la Virgen; otras veces es un rey o un personaje que toma la figura arquetípica del mago sanador para llevar a cabo la sanación. En realidad, cualquier imagen que identifiquemos con este fenómeno siempre estará deformada por los arquetipos que cada sistema de creencias proyecta sobre el fenómeno. Atribuir su causa a un determinado agente sobrenatural es caer en el más cándido de los literalismos. Pero, también, negar este fenómeno psíquico por principio, como suelen hacer muchos, no es más que otro involuntario ejercicio de fe, ya que cualquier negación dogmática siempre viene impulsada por un sustrato emocional que emerge de toda convicción ideológica, y dado que sin creencia no existe ninguna forma de sentido, una categórica impugnación de esta clase no es otra cosa (irónicamente) que una involuntaria expresión de fervor o de vergüenza al ridículo. Así pues, lo único que prevalece estable e incólume al paso del tiempo, indiferente a cualquier explicación, credo o negación provinente de cualquier época o cultura, es el fenómeno mismo. Goethe lo definió con exactitud: "No se busque nada detrás de los fenómenos: ellos mismos son la teoría". El logro supremo es comprender que todo lo fáctico es la mejor explicación, y que mientras las definiciones cambian a través de los siglos, el fenómeno permanece fiel a su naturaleza: en la misteriosa persistencia fenoménica es donde descansa su más profunda verdad, pues no importa bajo qué imagen aparezca –lo que unos sintieron como fuerza desbordante de un dios, otros como inmenso amor de la madre divina, o el mágico poder de una figura arquetípica-, siempre será el tácito testimonio de un estremecimiento peculiar de energía psiquíca que existe latente en las secretas profundidades anímicas, siendo el ‘alma’ el único ámbito de lo sagrado, el único templo en donde se constelan todos los dioses y los daímones, todas las tensiones de luz y oscuridad del mundo. La incubación para acceder al dios Asclepio no es otra cosa que un elaboradísimo culto del alma. En suma, incubar un sueño, en el sentido antiguo del término, era ponerse en contacto con todas las fuerzas ambivalentes de lo anímico, para alcanzar la unión de opuestos, esa misteriosa forma sagrada de completar el sentido del ser.

El hombre moderno suele sentir de forma natural un profundo rechazo hacia lo “sagrado”. Según su mentalidad, toda experiencia o manifestación psíquica que se sitúe más allá de los límites prefijados por el discurso de la razón empírica es ilusoria, subjetiva. Pero esto, más que un axioma sobre la naturaleza del psiquismo, responde más bien al deseo imperioso de que la realidad siempre se ajuste a los postulados racionales de las teorías consensuadas. Así, a modo de conjuro protector, la conciencia crítica lanza sus afilados dardos contra toda experiencia que parece trascender el ámbito del relato racional, cuando habría que preguntarse si esos límites no son artificiales y restrictivos, y si la cuestión de fondo no se reduce a esta sencilla e incómoda pregunta: ¿puede en verdad el eunnuco opinar sobre el orgasmo?"

"El mundo bajo los párpados" JACOBO SIRUELA

Cura Animae I

"En el fondo, la medicina asclepiana no era una terapia corporal: era una curación integral que sólo puede entenderse de una forma holística. Si la terapia era capaz de curar una enfermedad concreta del cuerpo se debía a que estaba orientada, como todas las medicinas antiguas, a purificar y restaurar la salud del ser humano en un sentido total. Ésta es la razón por la cual en estas clínicas no había médicos ni medicinas: todos los ‘psicoterapeutas’ que atendían allí a los visitantes pertenecían a la clase sacerdotal y practicaban un método curativo espiritual. Los griegos creían que esta terapia se acoplaba a las leyes que rigen el universo, nos referimos a las leyes divinas de la armonía universal, y que de esta manera se podía restaurar el equilibrio de la salud física como consecuencia de una progresiva experiencia de higiene psíquica. Según Erixímacos, médico y filósofo muy admirado por Platón, la medicina debe hacer que los elementos más hostiles del cuerpo se armonicen, “se amen entre sí”, decía, pues a partir de esta práctica se introduce en nosotros la influencia de Eros (el Amor) así como los efectos de la armonía universal, en los que se basaba toda la ciencia curativa de Asclepio. Pitágoras, Platón y más tarde Plotino profesaron la idea de que la meditación contemplativa de lo Bello, entendido como la armonía subyacente del universo, tiene un efecto espiritualmente beneficioso. Así pues, todos estos santuarios clínicos cobran sentido desde un ángulo psicoterapéutico, digamos, espiritual de la medicina. Esto explica por qué no se dejaba ejercer a médicos, ni a onirocríticos profesionales. Los templos de incubación de sueños eran centros de salud puramente religiosos en los que se practicaba una antigua forma de homeopatía donde la enfermedad contiene tanto su diagnosis como su curación. Por tanto, más que parecerse a un hospital de enfermos, Epidauro era más bien una especie de clínica del alma. Si existen tantas similitudes simbólicas entre estos cultos terapéuticos y los cultos histéricos es porque ambos son considerados como una curación con la dignidad de renacimiento espiritual. Visto de este modo, como los elementos ambientales del espíritu apolíneo –su apabullante derroche arquitectónico, escultórico, pictórico, acompañado de música y teatro-, por un lado y, por otro los elementos ctónicos –como el agua, las serpientes, los sueños o las ceremonias del Thólos- representaban la unión simbólica de los opuestos al formar con estos componentes simbólicos un elaborado culto a psique como totalidad, en el que confluían todos los elementos potenciales necesarios para recibir una cura animae."

"El mundo bajo los párpados" JACOBO SIRUELA

I would like take to you

Quisiera llevarte
allí donde todo acaba,
donde no hay nada más.

Si pudiera llevarte al saliente
donde se escuchan los cantos ocultos a los hombres,
donde se contempla lo que todavía no se ve,
sentirías derretirte, algo te encoje
y a la vez te da coraje,
el viento te alza
y te lleva en volandas
hacia las nubes pintadas a brochazos
y a través de los cumulonimbos
desciendes por espirales de colores
que se transforman en velos de gasa
y se anudan a tu cintura para bailarte
en la danza perfumada por las flores de los tilos
en las noches de junio,
en las noches de verano
que soñaste y que son.

Si pudiera llevarte allí, al confín,
donde sueltas amarras,
caes, te hundes y asciendes
te conmueves y te serenas
para fundirte y ser, al fin.

.

See you tomorrow

domingo

To my child

Tus ojos

¡Ay mi niño! tú no lo sabes pero
tus ojos… son belleza,
imploro cada día para que siempre te acompañe.

Tus ojos… que no se enturbien ¡Díos mío!
que puedas atravesar el fiero inundante sin mancharse.

Tus ojos…son estrellas en la noche,
esa bendita y enorme curiosidad que emanan,
la chispeante y sana alegría que nos arroba
y esa acongojante pureza de tu inocencia
que me destroza y a la vez me salva.


Cómo ayudaros a descubrir
los colores infinitos de las flores diminutas
sin que os arrastre el ruido de los fatuos artificiales, creados
por los que sí nos dejamos caer el coraje y apagar la mirada.

No os dejéis engañar,
buscad la hoguera incandescente que da luz y calor,
cuidad que nunca se apague
vuestra curiosidad, la alegría y la inocencia.

Tus ojos, tus ojos…mi niño, tus ojos…

.

martes

Ventana sur

                                            
  Óleo sobre lienzo 120 x 80