Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Se acercaron al borde.
Los empujó, y volaron.

Guillaume Apollinaire

martes

El encanto de las pantallas

 

“El extraño poder de la televisión para hacernos adictos a ella se deriva del hecho de ser una literalización de la imaginación. Nos ofrece visiones artificiales y un sustituto adulterado de Otros Mundos. Miramos ‘fascinados’ a la gente pequeña en la pantalla, pero sus imágenes no son, como en las auténticas experiencias imaginativas, más reales que la realidad cotidiana, sino menos. Corresponden al estado de ‘vaga ilusión infestada de imágenes’, la eikasía, que Platón describe como la percepción de los prisioneros que están obligados a mirar fijamente a la pared del fondo de su caverna, en la que oscilan meras sombras de la realidad: ‘la forma más baja e irracional de conocimiento’, como la denomina Iris Murdoch.

Esto es lo más pernicioso de la televisión. No es el contenido de sus programas, que en su mayor parte liberalizan la psicopatología del mito –culebrones interminables sobre ‘mundos inferiores’ de enfermedades y crímenes, hospitales y policías, sexo y muerte, que excitan y trivializan-, sino, más bien, la forma misma de la televisión, el propio medio, cuyo naturalismo falsifica la realidad. Escribo esto con emoción porque yo mismo soy un adicto crónico a la TV, a quien le resulta difícil apagar el aparato incluso a las dos de la madrugada, cuando estoy muerto de cansancio y no hay más que basura en cualquiera de los canales que sintonice. ¿Cómo puede ser esto?

Mientras nos alimentamos con imágenes que no son, como diría Platón, representaciones de formas eternas, que no son, como podríamos decir nosotros, arte, seguimos sin alimentarnos, es decir, nuestras almas siguen sin alimentarse. Deseamos ardientemente más y más imágenes; tenemos que quedarnos ante el aparato hasta el final de la historia, sin que importe lo banal o predecible que pueda resultar, con la esperanza de que nos dé esa satisfacción que nos proporciona el contacto con un auténtico Otro Mundo, sea a través de nuestra imaginación o de la de otros. Pero la televisión no puede proporcionar eso. Cuanto más la miramos, más enfermos nos sentimos ante el exceso de imágenes precocinadas, recalentadas, ante la ‘proliferación interminable de imágenes sin sentido’.

No quiero que mis observaciones sobre la tecnología suenen a una diatriba ludita. No estoy contra la tecnología, y, como la mayoría de la gente, tengo razones para estarle agradecido de muchas maneras. Sólo quiero reconocer que cuando está divorciada de la tekhne –lo que supone también el divorcio de las raíces imaginativas de todo esfuerzo técnico-, la tecnología puede conducir a un tipo de proliferación maníaca, que es la contrapartida de la inflación de nuestro ego colectivo y de la pérdida del alma. Queremos siempre más para satisfacer nuestro deseo –más máquinas, más imágenes y, ahora, más ‘información’-, como si este ‘más’  cuantitativo pudiera llenar el doloroso vacío; como si ‘información’ fuera conocimiento

Éste es el inconveniente de una red de información mundial (www). Por útil que pueda resultar esta herramienta de trabajo, nunca llegará a ser el Alma del Mundo, a la que inconscientemente imita, porque es una prolongación de nuestras propias entrañas. La tecnología de los ordenadores posee tal fuerza que se está volviendo presuntuosa. Sus ‘chips’ son pequeñas almas que lo animan todo, desde tostadoras ‘inteligentes’ a bombas; su ciberespacio es Otro Mundo de fantasía; la ‘realidad virtual’ es una falsificación mecánica y literalista de la realidad daimónica. Somos engañados por la inteligencia de los ordenadores, que nos hacen creer que podemos crear el Otro Mundo y manipularlo. Pero el Otro Mundo no es creación nuestra, en todo caso es él el que nos crea a nosotros; tampoco podemos manipularlo, sino, al contrario, sólo ser transformados por él.”

 

‘El fuego secreto de los filósofos’ de PATRICK HARPUR (Ed. Atalanta)

 

.


lunes

¿Nos vemos?





Un cerezo enfermo
caído de color
seco, contraído
me detengo
palpo sus ramas
veo su ahogo,

¿Él me ve?

Nosotros enfermos
caídos de color
abandonados
extendemos la mano o la negamos
nos mostramos o nos ocultamos,

¿Alguien nos ve?
¿Alguien se acerca y nos acaricia?

probablemente sí,
darnos cuenta
es nuestra búsqueda.

.



sábado

'La ascensión al Monte Ventoux'




“Un día del año 1336, el poeta italiano Francesco Petrarca hizo algo que nunca antes había hecho nadie: escalar una montaña para contemplar las vistas. 

Obviamente, otros habían escalado montañas, pero siempre por algún motivo práctico, Aníbal cruzó los Alpes para atacar Roma, y Moisés subió al Sinaí para recibir las tablas de la ley de Jehobá. Y miles, o tal vez millones, de personas anónimas debieron de abrirse paso por cimas inhóspitas por incontables razones: en busca de alimento, huyendo del azote de bandidos o para encontrar nuevas tierras de pastoreo. Pero, con anterioridad a Petrarca, nadie se había tomado la molestia de ascender a una cumbre desalentadora y peligrosa por lo que llamaríamos simples motivos estéticos. Al menos no disponemos de ningún testimonio de ello precedente al suyo. 

 …, todavía en el siglo XVIII se evitaban en lo posible las montañas y demás paisajes agrestes, que hoy son tan codiciados por quienes buscan el placer de relajarse. La idea de escalar algo más complicado que una loma habría provocado las quejas del doctor Johnson y de cualquiera, hasta que Wordsworth y Coleridge lo popularizaron como pasatiempo. Aunque nos cueste imaginarlo, algo que para nosotros es tan ‘obvio’ como el deleite de ‘contemplar las vistas’ desde algún punto era, en tiempos de Petrarca, algo totalmente desconocido. Ponerse en peligro para hacerlo se consideraba una locura, o algo peor. Para algunas mentalidades, era algo demoníaco.

            En una carta que dirigió al profesor agustino de teología Francesco Dionigi di Borgo San Sepolcro, Petrarca, que entonces contaba treinta y dos años, describía su histórica e inaudita excursión. Había elegido el formidable monte Ventoux, un impresionante pico francés situado al nordeste de Aviñón, donde el Ródano separa los Alpes franceses de las Cevenas. Cerca se encuentra la principal cordillera del centro de Francia, y la zona que rodea al propio monte Ventoux tiene una gran carga histórica y esotérica. Trovadores, albigenses y cátaros florecieron en esta zona, proporcionando al paisaje una afinidad con las ideas gnósticas sobre la superioridad del autoconocimiento y la experiencia respecto de la ignorancia y la fe ciega. Se desconoce si Petrarca tenía esto en mente cuando realizó su ascensión, pero su relato deja claro que creía que, en cierto modo, había transgredido la ley, tanto de la Naturaleza como de Dios. Él sabe que lo que ha hecho lo distingue de los demás hombres. La idea de escalar la montaña lo ha acechado durante años, desde que era niño; era una especie de sueño secreto que agitaba su alma. Cuando al fin lo ha hecho, está aterrado.
            ‘Ayer’, le cuenta Petrarca a su amigo el profesor, ‘subí a la montaña más alta de nuestra región, motivado únicamente por el deseo de experimentar su afamada altitud. Hacía años que llevaba esto en mi alma y, como bien sabes, he deambulado por esta región desde mi infancia.’ Siempre había tenido esa montaña a la vista, le explicaba al profesor, y su deseo fue creciendo cada día hasta volverse tan intenso que decidió darle salida.
            Junto con su hermano Gerardo, que lo acompañaba, Petrarca conoció a un viejo pastor por el camino. Cuando lo informó de adónde se dirigían, éste, ‘con un torrente de palabras, trató de disuadirnos, diciendo que nunca había oído de nadie que se arriesgase en esa aventura’. Petrarca ignoró las advertencias del anciano, si bien, a medida que empezaba a ascender, algún presentimiento debió de hacer mella en su determinación. ‘Mientras continuaba subiendo, me alentaba a mí mismo pensando que lo que hoy experimento redundaría en mi beneficio, así como en el de muchos otros que aspiran a la vida bienaventurada.’
            Según trasluce claramente en su carta, cuando Petrarca alcanzó la cima sufrió algún tipo de conmoción emocional y psíquica. El texto se torna exaltado: los tiempos verbales cambian y el lenguaje es más agitado; parece que el solo recuerdo de su experiencia basta para que su consciencia se suma en la confusión y el desorden. Un viento ‘desacostumbrado’ sopla a su alrededor, y Gerardo y él deben resistir contra su fuerza. Pero más que ese viento potente, lo que atemoriza a Petrarca con su majestad sublime es el espacio hasta entonces nunca visto que se abre a su alrededor. Lo hechizan las ‘grandes vistas que mudan libremente’. Su inquietante extensión lo impresiona, y se queda ‘inmediatamente atemorizado’.
                        
                        Miré a mi alrededor: las nubes estaban bajo mis pies […]. Después dirigí mi mirada hacia Italia […]. Suspiré a la vista del cielo de Italia […]. Luego me volví hacia occidente. Mis ojos buscaron en vano los Pirineos, la frontera entre Francia y España […]; en cambio se veían con toda claridad la montañas de la provincia de Lyon a la derecha, y a la izquierda el Mediterráneo que baña Marsella y Aigues-Mortes. Aunque su distancia es considerable, nuestros ojos podían divisar el Ródano.

              En aquel preciso momento, Petrarca experimenta lo que para él es una sincronicidad profunda. Arrebatado por la visión del espacio que se extiende ante él, sintiendo –acertadamente, como veremos- que ha abierto la puerta a otro mundo, busca algún sostén y toma su ejemplar de las Confesiones de San Agustín. Abre el libro al azar, posa su mirada en un pasaje y lee: ‘Van admirando los hombres los altos montes, las olas del mar, la larga trayectoria de los ríos, la inmensidad del océano, la revolución de los astros, pero no tienen la más mínima preocupación hacia ellos mismos’.
            Fue como si las Moiras le pusieran los puntos sobre las íes: lo que estás haciendo, Petrarca, no es algo casual, le decían. Tiene una dimensión profunda, tal vez incluso cósmica. Después de esto, las cosas serán diferentes.

[…]

              … No sólo era una locura, como sin duda pensaron los contemporáneos de Petrarca; era algo más que eso, pues se había dado el primer paso hacia una nueva comprensión del mundo completamente nueva. Compresión que nosotros aceptamos sin pestañear y que damos por sobreen tendida, pero que, como gran parte de nuestra experiencia, es de hecho el resultado de un profundo cambio en la consciencia humana, tan radical que la palabra ‘evolución’ no resulta del todo exacta para designarlo. ‘Mutación’ sería más preciso. Se trata en este caso de la mutación desde el mundo plano, bidimensional e ‘incrustado’ de la Edad Media al mundo que hoy experimentamos a diario: el mundo de la distancia, del espacio ‘vacío’, de los ‘puntos de fuga’ y los horizontes que se alejan. Es decir, el mundo de la perspectiva. Éste fue el verdadero comienzo de la ‘era espacial’, y no la puesta en órbita del satélite Sputnik en 1957. “


‘Una historia secreta de la consciencia’ de GARY LACHMAN (Ed. Atalanta)

Mañana de otoño

óleo s/moleskine





martes

Polvo




Él todavía es
viento

Ha de ser ola y
luego, fuego

Modelarse en tierra

Y quizás para entonces
yo sea piedra
o polvo

mas polvo huracanado.


.

viernes

'Ver'


“… Y el arte ‘propio’, para Joyce, tanto con respecto a la materia sensible como a lo inteligible, reside en la percepción estética desinteresada, en la aprehensión, en lo sentido, mientras que el arte ‘impropio’ es el que está al servicio de intereses distintos de la estética…, como puede ser la ética, la economía, la sociología o la política.

                Hay dos tipos de arte impropio: el que despierta el deseo del objeto representado y el que suscita la aversión o el miedo al objeto. Al arte que despierta el deseo, Joyce lo llama pornografía. En este sentido, todo el arte publicitario es pornográfico, ya que está destinado a promover en el espectador el deseo de poseer de alguna manera el objeto representado. El retrato es pornográfico si no expresa otra cosa que la similitud, si su objetivo es evocar en la mente la persona (o el animal) representado, en lugar de atraer la vista y el sentimiento hacia la pintura en sí misma, dentro de los límites del marco en que se presenta. De la misma manera, un paisaje que sólo sea de interés como anuncio o recuerdo de un determinado lugar, en vez de presentarse como una disposición estéticamente atractiva de la materia sensible que es su objeto dentro de los límites de la representación, es, a los ojos de Joyce, pornográfico. […]
 
            Al arte que suscita aversión o miedo, Joyce lo llama didáctico. La sátira, el retrato irónico o burlesco y la crítica social son didácticos y, por lo tanto, desde la perspectiva de Joyce, arte impropio. Tanto el arte fascista como el marxista son, desde luego, didácticos, deliberadamente; pero en Europa y también en Norteamérica, desde la época de Émile Zola (1840-1902), la didáctica sociopolítica ha empezado a considerarse en muchos ámbitos como la única justificación del arte, que de otro modo se tiene por ‘escapista’ o encerrado en su propia ‘torre de marfil’.

            Todo arte ‘impropio’, ya sea pornográfico o didáctico, mueve al espectador, o, al menos, se propone moverlo, a la acción, ya sea con una actitud de deseo o de miedo o repugnancia hacia el objeto. Lo acerca o lo aleja de él, por lo que Joyce lo califica de cinético (del griego kinetikos, de kinein, ‘mover’);  por el contrario el arte ‘propio’ es estático (en griego, statikos, ‘que genera quietud’).  Hablamos, por ejemplo, de un ‘arrebato’ o una ‘parálisis estética’; una situación que no induce a ningún tipo de movimiento, sino a una detención en la contemplación y el goce (estético). En palabras de Joyce: ‘La mente se detiene y se eleva por encima del deseo y la aversión’.

            Es esta elevación de la mente y, con ella, del ojo que contempla, por encima del deseo y la aversión, del deseo y del miedo, lo que asemeja a la vía del arte y al artista con el místico. Sin esa transformación que es a la vez de la conciencia y de la visión, no puede atravesarse el umbral al reino del arte. Las técnicas por sí solas no sólo son inútiles sino que pueden descarriar incluso al artista dotado de talento; así como, en la vía del misticismo, la adquisición de poderes psicofisiológicos impresionantes mediante el ejercicio del yoga puede llegar a ser causa de extravío del practicante. Lo advierten muchas leyendas indias, que hablan de demonios que a fuerza de su extrema perseverancia, alcanzaron a través del yoga tan extraordinarios poderes (siddhi), que pudieron incluso destronar a los dioses y adquirir el control del universo. […]  De manera parecida, el efecto que ha tenido sobre la mentalidad popular en el mundo actual el persistente didactismo sociopolítico de los medios de comunicación, en combinación con la publicidad pornográfica (a la manera de los dirigentes de la decadente Roma, cuando ofrecían a su población ‘pan y circo’, panen et circenses), ha sido desatar los Jinetes del Apocalipsis a escala planetaria en el siglo XX (Apocalipsis 6: 1-8). ¿Qué estallido del espíritu hará falta ahora para reducir a la nada al monstruo de mil cabezas que nos asuela?

            Ha de ser un estallido silencioso que, además, no generará su efecto sobre todos nosotros de una sola vez. De hecho, las condiciones para su aparición ya están dadas. …”

 

‘Las Extensiones interiores del espacio exterior’  JOSEPH CAMPBELL (Ed. Atalanta)

 

jueves

Vivir




Me quedé dormida unos segundos
y soñé vivir unos minutos.

Duermo unas horas
y vivo días.

Quiero dormir días enteros
para vivir…

Dormiré para siempre
Viviré por siempre

.
 

miércoles

Grieta

óleo s/lienzo (100 x 73 cms.)

domingo

Planeta Tierra


 
El planeta Tierra
se ha perdido
en una galaxia
que llaman Vía Láctea.
 
Todos sus habitantes
andan aturdidos,
unos lo saben
otros no,
todos son granos de arena
en un desierto.
 
Algunos lanzan bengalas
a ver si alguien los rescata
pero nadie responde,
van pasando siglos, eones
(o quizás, sólo es un instante fugaz y eterno).
 
La locura está extendida
entre la población,
los pocos cuerdos
callan a riesgo
de que los tomen por locos.
Aunque, quién sabe
qué es cordura, qué es locura,



.

viernes

Searching for orange

 Acuarela (33 x 23 cms.)

Acuarela (33 x 23 cms.)

sábado

El viento


 
436
 

El viento llamó con golpecitos,
como un hombre cansado.
Y, como una anfitriona, yo
contesté resuelta –Entra-.
Entró entonces en mi habitación.
 
Un veloz convidado, sin pies,
a quien ofrecer una silla
era tan imposible
como ofrecer un sofá al aire.
 
No tenía huesos que lo sostuvieran.
Su hablar era como la arremetida
de numerosos colibríes a la vez,
desde un fabuloso arbolillo.
 
Su apariencia, la de una ola.
Sus dedos, al pasar,
producían una música, como melodías
que salían trémulas de un cristal.
 
Hizo la visita, también revoloteando;
luego, como un hombre tímido,
dio de nuevo unos golpecitos, de forma presurosa;
y yo me quedé sola.
 

EMILY DICKINSON
(Traduccción de Enrique Goicolea)
 
 

domingo

Me mueve el Aire


No para de llover


 
No para de llover
 
Se acercan nubes
y más nubes
todas oscuras
todas grises
 
No para de llover
 
Ellas nos observan:
se empapan de
nuestros malos humos
nuestra negrura
 
No para de llover
 
Nuestras asfixiadas lágrimas
se hacen gigantes
y alcanzan las nubes,
ellas las acogen 
 
No para de llover
 
 
 
Acuarela (33 x 23 cm)

miércoles

Un modo sutil de conocer

 
La imagen del corazón –l’immágine del cuor- era una idea importante en la obra de Miguel Ángel, que estaba muy influido por la tradición platónica. Imaginar con el corazón hace referencia a un modo de percepción que atraviesa nombres y apariencias físicas hasta llegar a una imagen interior personificada, desde el corazón hasta el corazón. Cuando Miguel Ángel retrató a Lorenzo y Julián de Médicis en la sacristía de San Lorenzo, los rasgos que plasmó no eran naturales, no eran como aparecían en la realidad, sino que estaban transfigurados para que se ajustaran a la verdadera imagen de sus personas en el corazón. Mientras que el Renacimiento científico (Bacon y Galileo) insistía en la primacía de la percepción sensible, la immágine del cuor de Miguel Ángel implicaba que la percepción es secundaria a la imaginación. Al imaginar más allá de lo que ven los ojos, aunque a través de ellos, la imaginación concibe imágenes primordiales. Y éstas se presentan a sí mismas bajo formas personificadas.
Más cerca de nuestro tiempo, otro mediterráneo, Miguel de Unamuno, volvió a la relación entre corazón e imágenes personificadas y explicó la necesaria interdependencia del amor y la personificación:
 
“Para amarlo todo, para compadecerlo todo, humano y extrahumano, viviente y no viviente, es menester que lo sientas todo dentro de ti mismo, que lo personalices todo. Porque el amor personaliza todo cuanto ama, todo cuanto compadece. Sólo compadecemos, es decir, amamos, lo que nos es semejante, y en cuanto nos lo es, y en tanto más cuanto más se nos asemeja, y así crece nuestra compasión, y con ella nuestro amor a las cosas a medida que descubrimos las semejanzas que con nosotros tienen. (…) El amor personaliza cuanto ama. Sólo cabe enamorarse de una idea personalizándola.”
 
Y concluye diciendo: “El sentimiento del mundo, sobre el que se funda la comprensión de él, es necesariamente antropomórfico y mitopeico”. Amar es una forma de conocer, y, para conocer, el amor tiene que personificar. Personificar es, pues, una forma de conocer, especialmente aquello que es invisible y está oculto en el corazón.
Desde esta perspectiva, personificar no es un modo menor y primitivo de aprehender, sino uno más sutil. Constituye en la teoría psicológica el intento de darle corazón al método y de devolver los pensamientos abstractos y la materia muerta a su configuración humana. Dado que personificar es una epistemología del corazón, una manera intelectual de sentir, hacemos mal en considerarlo como un proceso mental arcaico e inferior, apto sólo para aquellos a quienes les está permitido el lenguaje emotivo y la lógica afectiva: niños, locos, poetas y primitivos. El método en psicología no debe poner obstáculos al amor, y somos unos insensatos al calificar de inferiores los medios que el amor mismo emplea para comprender.
 
 
'Re-imaginar la Psicología' JAMES HILLMAN (Ed. Siruela)
 
 

jueves

Bocetos

grafito s/papel (21 x 29 cms)

lápices de colores s/papel (21 x 29 cms)

grafito y lápices de colores s/papel (21 x 29 cms)
 
 

martes

0


Para el Aire


 
Ya lo dijo el profeta:
“He visto todo lo que se hace
bajo el sol, y todo es vanidad
e intentos de atrapar el viento”
 
Calladamente,
comenzando el descenso
descubres que el viento
te rodea
te alza,
casi vuelas
… o te tira.
 
Vuelve,
te arremolina
y te levanta,
te empuja,
luego te detiene,
se aleja,
y te abandona…
en la noche
empiezas a extinguirte
y suplicas:
Aire, Aire

 
Aireando
Aireando
te acercas,
no te veo
pero lo dicen
las ramas y las hojas
de los árboles,
hablan de ti las nubes
y te deslizas en mi piel.
 
Por las mañanas
me alientas
y en la noche
acaricias
mi inquietud.
 
Aire ando
Aire ando

me entrego al ir y venir
en este océano de viento,

ya me arrojo a ciegas
confiando siempre
en tu cálida corriente.

.