óleo s/lienzo (46 x 33)
Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Se acercaron al borde.
Los empujó, y volaron.
Guillaume Apollinaire
jueves, 14 de febrero de 2013
martes, 12 de febrero de 2013
viernes, 8 de febrero de 2013
sábado, 2 de febrero de 2013
martes, 22 de enero de 2013
Amor al arte
“… A
algunos expertos en arte o literatura rara vez deja de notárseles la ausencia
de familiaridad inmediata y material con las obras que estudian. Será en parte
porque creen que la investigación excluye el entusiasmo, y también por un
prejuicio intelectual que valora lo abstracto por encima de lo concreto, y que
en el fondo, y a veces en la superficie, concede mucha menor seriedad a las
obras de arte o de literatura que a los discursos teóricos que se elaboran
sobre ellas.
También hay algo más triste, una
sequedad de espíritu, una falta de amor, y hasta de curiosidad, que se disfrazan
de suficiencia. No sé si se podrán estudiar las rocas o las bacterias o las
partículas subatómicas sin una disposición entusiasta, sin la convicción de que
vale la pena consagrar la vida a ese conocimiento, pero estoy bastante seguro
de que si no hay entrega y fervor y voluntad de asombro cualquier aproximación
a las artes es perfectamente estéril. Sin amar la literatura y sin disfrutar de
ella difícilmente habrá descubrimientos valiosos, y menos todavía transmisión
de las obras, esa militancia contagiosa de la que depende su supervivencia en
el porvenir. Como en las artes la sensualidad de lo visible y lo tangible es
mucho mayor que en la literatura, choca todavía más la aridez de mucho de lo
que se dice o se especula sobre ellas. …”
miércoles, 16 de enero de 2013
Consuelo
El abuelo hablaba mucho
de Consuelo,
decía que podía
consolar
abrazar
sonreir
dar calor
cuidar
abrazar
besar
escuchar
conversar
escuchar
alegrar
aliviar
sonreir
calmar
a veces hasta curar,
también tocaba el chelo,
por eso le pusieron ese nombre,
me contó el abuelo.
También me contó
que siendo jovencita
tuvo una hija con un cura
y éste la obligó a darla en adopción.
Luego se casó con un hombre
al que llamaban Malpelo
por su mal genio,
hombre que nunca se enteró
de los poderes de Consuelo.
Ella tocaba el chelo a escondidas
y cuando él murió
visitó, cuidó, escuchó y abrazó al cura
hasta el final de sus días.
.
domingo, 13 de enero de 2013
Origen y Presente II
“Si
queremos aclarar el trasfondo de lo numinoso, hemos de recordar que lo numinoso
se ha considerado con buenos motivos como una vivencia primigenia. El carácter
de vivencia lo sitúa en la esfera mágica. Si dividimos la unidad mágica de la
vivencia y de quien la vive, como se suele hacer hoy, entonces resulta la
afirmación dualista de que lo numinoso, visto desde el hombre, es una vivencia
primigenia. Ahora bien, esta afirmación suscita la pregunta racional: ¿qué es
la vivencia vista desde lo numinoso? ¿Es una liberación espontánea, la
manifestación de poderes objetivos, o en realidad no es otra cosa que aquello
que, en términos psicológicos, se ha llamado una ‘proyección’, a saber: la
energía psíquica inherente al hombre que se transmite a cosas, acontecimientos
o acciones del exterior? Tal vez lleguemos a una respuesta satisfactoria si
hacemos dos reflexiones complementarias. Una es la de que la capacidad para la
vivencia numinosa pierde factores desencadenantes en la medida en que avanza la
concienciación: cuanto más consciente es el hombre, menos acciones,
acontecimientos y cosas puede vivenciar numinosamente. Una tormenta, por
ejemplo, tiene para el hombre primitivo, incluso para el niño de hoy, un
carácter numinoso; es un poder, es la expresión de un poder de lo ‘enteramente
otro’; el saber racional y las relaciones físicas de este fenómeno natural
privan a la tormenta del carácter numinoso.
Pero ahora podemos constatar algo
muy extraño: en la medida en que se reduce la posibilidad de la vivencia
numinosa en la naturaleza, aumenta en el arte creado por el hombre. Los
estremecimientos que puede desencadenar el Requiem de Mozart o un poema de
Hölderlin o un pensamiento filosófico, es probable que no tengan nada que
envidiar al estremecimiento primitivo de una vivencia numinosa naturalista.
Ahora bien, como la música se basa en lo mágico, la poesía en lo mítico, la
filosofía en lo mental, representando cada una de ellas el manejo y el dominio
de estas estructuras por el hombre, éste es capaz de invocar el efecto numinoso
que mora principalmente en lo mágico y mítico.
El resultado de la primera reflexión
sería el siguiente: la vivencia numinosa disminuye con el avance de la
concienciación, pero lo numinoso se desplaza desde la naturaleza al arte, o
bien desde la correspondiente estructura efectiva a la realidad expresada por
el hombre.
La otra reflexión afecta a lo
numinoso en tanto que se refiere a la capacidad visual del hombre primitivo.
Todos los etnógrafos, todos los que hasta ahora han escrito sobre lo numinoso o
sobre el Mana, nunca han tenido en cuenta que el hombre primitivo veía de otra
manera y otras cosas que las que nosotros vemos hoy. Y, además, no sólo en la
vivencia numinosa, sino hablando en general. Los dibujos del aura ponen de
manifiesto que la capacidad perceptiva del hombre primitivo era diferente a la
nuestra; percibía en parte más, en parte menos de lo que nosotros percibimos
hoy. En cualquier caso, veía irradiaciones de energía, veía la fuerza motora,
veía una parte del Mana de una persona. En este sentido, su vivencia numinosa
es mucho más realista y palpable que la nuestra con una composición de Mozart,
un poema de Hölderlin o una formulación de Leibniz. Esta forma de ver más
realista se pone de manifiesto en otras partes además de en los mencionados
dibujos. Una mirada a aquellas impresiones a color que se hicieron en China en
los siglos XVI y XVII, nos muestra que, pese a los claros contornos de las
ramas, flores, piedras y otras cosas representadas están como bañadas por
emanaciones procedentes de ellas. Si contemplamos las impresiones a color de la
Zehnbambushalle, o las del Lehrbuch des Senfkorngartens, editadas por Jan
Tschichold, lo dicho puede confirmarse sin más, pues aquí se trata también de
un fenómeno pictórico, de la misma índole que el que se puede observar en las
relaciones y transiciones de colores de un objeto a otro en el impresionismo.
Ilustran el hecho de que incluso el hombre principalmente mítico ve la fuerza
que emana de las cosas. Pero como todo lo que produce un efecto en nosotros
está en una mayor o menor medida en nosotros mismos, y siendo nuestros
sentidos, por otra parte, limitados, todo lo que fluya hacia nosotros y
sobrepase o quede por debajo de esa medida y de ese límite ejercerá en nosotros
un efecto ‘numinoso’. El grado de nuestra comprensión de estas interrelaciones
disminuirá, naturalmente, en la misma medida, su influencia numinosa.
Retomemos ahora el hilo de nuestro
análisis allí donde, con ocasión de las dos reflexiones emprendidas, hubimos de
hollar dos nuevos caminos que nos permitieron conocer, por una parte, el
desplazamiento de la vivencia numinosa y, por otra, la confirmación de su
dependencia del grado de nuestra receptividad en el marco de la conciencia.
Estos dos resultados clarifican de
manera feliz nuestra cuestión principal acerca del trasfondo de lo numinoso. Al
atribuir más importancia a la comprensión o al transparentar que a la fe, no
podíamos darnos por satisfechos con el componente religioso que, según R. Otto,
hay en lo numinoso. Así que tuvimos que preguntar hasta qué punto se constituye
lo numinoso; dicho de otra manera: si es una exteriorización espontánea de
poderes objetivos o tan sólo una proyección de energía psíquica humana en
cosas, fenómenos o acciones que esta energética ha cargado psíquicamente.
Esta pregunta creemos que ha quedado
ya contestada, al menos aproximadamente. Y nos interesamos por el trasfondo de
lo numinoso no porque queramos favorecer lo irracional, sino porque deseamos,
respetando su estructura, dejar al descubierto sus fundamentos, que son capaces
de soportar una nueva estructura o que pueden constituir su base de partida o
su plataforma de salto.
En cualquier caso, la respuesta a la
pregunta planteada sigue siendo una empresa arriesgada, si consideramos la capacidad
de transformación y, en consecuencia, la constancia del elemento numinoso, por
ejemplo su desplazamiento de una tormenta a un poema, y si conocemos la
dependencia de la vivencia numinosa tanto de nuestro grado de conciencia como
de nuestra constitución psicofísica, estos dos hallazgos podrían sugerir que lo
numinoso es, en términos psicológicos, una proyección; en términos psíquicos,
una sobre- o infraestimulación de nuestra capacidad de resonancia; en tanto que
lo numinoso sea un proceso incomprendido, seguirá siendo una correspondencia
entre el interior y el exterior, entre el hombre y el mundo, el alma y el
poder, en la que el hombre se integra o a la que se subordina; en tanto que sea
un proceso comprendido, incluso cuando rebase los umbrales superiores e
inferiores de nuestra capacidad de resonancia o ponga en duda sus límites
temporales, permitirá mirar a través de lo interior y lo exterior, del hombre y
del mundo, del alma y del poder. En esta constelación se expresa que el ‘poder’
inherente a nosotros –el alma- y el
‘poder’ inherente a las cosas –lo numinoso-, por una parte, se compensan y
equilibran y, por otra, en cierta manera se aclaran mutuamente, de modo que la
estructura fundamental del mundo, es decir, la estructura fundamental de lo imperante,
se hace accesible a nuestra comprensión, pudiendo llegar a transparentarse para
nosotros.
El papel que desempeña la conciencia
en estos procesos es evidente: mediante la conciencia se puede revocar la
proyección una vez realizada; o mejor: esta revocación misma es un acto de
concienciación. La conciencia, por tanto, siempre tiene un carácter recuperador
porque nos puede revelar una estructura menos dimensionada, ya que sus procesos
sólo se pueden realizar por nosotros allí donde obtienen un carácter
direccional a través de una dimensión añadida.
…
La conciencia también se ha equiparado con el contenido del saber. Se ha hablado, en este sentido, de una conciencia histórica, una conciencia moral, etc., con referencia a la presencia en el ámbito del saber de cosas o valores históricos o morales. Pero esta definición también nos parece insostenible. La conciencia es más que el saber, más que el mero conocimiento o la capacidad cognoscitiva.
La
actual terminología psicológica que postula un ‘inconsciente’ como opuesto a lo
consciente se hace culpable de una falsificación de hechos psicosomáticos dados
originariamente. Esta terminología y los fenómenos falsamente estructurados por
ella son un ejemplo clásico de las conclusiones equivocadas que surgen de la
aplicación radical de un dualismo. No hay
lo que se llama el inconsciente. Sólo hay distintas formas (o intensidades) de
conciencia: una mágica, que es unidimensional; una mítica, que es
bidimensional; una mental, que es tridimensional; y habrá una integral, que
será tetradimensional y, en consecuencia, completa. Esta conciencia
tetradimensional en ciernes es la ‘conciencia per se ‘ de dimensión nula en su origen, que se representa en el
hombre y se transpone en él por mutación. Pues del mismo modo que la
respiración estaba antes que el
respirar, el pensamiento antes que el
pensar, la vista antes que el ver, el
ser antes que el ente, del mismo modo
la concienciación estaba y está antes
que las distintas formas dimensionadas de la conciencia.
…
La
conciencia es la capacidad de abarcar aquellas relaciones que nos constituyen,
es un acto de integrar y dirigir que se produce continuamente. Hemos de tener
claro que la conciencia no se agota en un saber formal, ni siquiera en un saber
reflexivo. No es idéntica al proceso mental, ni se limita a la mera conciencia
del yo. Su función clarificadora no consiste en la mera especialización y
temporalización. No es un mero estar frente a las cosas y los fenómenos, sino
un espectador que observa y también una instancia actuante con funciones
regulativas. Como asimismo está sometida a las mutaciones (¿o colabora en
desencadenarlas?) que parecen transferir al hombre una presencia originaria
previamente dada, con cada nueva mutación expresa que el hombre puede realizar
esta presencia o actualización del origen. Por lo tanto, no sólo está vinculada
al yo, sino también al ‘se’, sin por ello adoptar un carácter numinoso (a
diferencia de la estructura mítica, donde no se da comprensión alguna de la
efectividad del recuerdo). Mediante este doble vínculo con el yo y con el ‘se’, que no representan ni una unidad, ni
un complemento, ni una oposición, la
conciencia es aquella intensidad que las mutaciones logran completar en el
hombre. Sólo allí donde la conciencia ha superado su condicionalidad y
limitación temporal numinosas, logra escapar del peligro de dividir el todo en
una oposición o antítesis que le es ajena. La manera en que vemos el mundo
depende enteramente de la forma de nuestra conciencia, que logra poner a este
mundo límites espaciales y temporales. En la medida en que lo integremos
gracias a nuestra conciencia –un logro para el que no nos puede capacitar una ampliación (o una expansión) de la conciencia, sino
su intensificación-, actualizamos el ‘se’. Pero esto significa al mismo
tiempo que en esa misma proporción se nos
volverá transparente nuestra propia constitución, es decir, no sólo esa ‘parte’
que ya se manifestó y que intentamos aclarar mediante el análisis de las
distintas estructuras, sino también aquella ‘parte’ que descansa latente en
nosotros y que, junto con la parte que ya se ha manifestado, se hace accesible
a una completud.”
‘ORIGEN Y PRESENTE’ JEAN GEBSER (Ed. Atalanta)
viernes, 4 de enero de 2013
lunes, 31 de diciembre de 2012
31 de diciembre
CONSIDERANDO
Teniendo en cuenta y considerando
el progresivo deshielo de los mares
el efecto invernadero
la veloz extinción de las especies
el hambre feroz en África y el sida
las guerras religiosas en Oriente
los miles de mujeres asesinadas
por sus hombres más cercanos
la progresión del cáncer
la infibulación de las niñas
el aumento del precio del petróleo
el turismo sexual en Tailandia
las múltiples torturas impunes
el numeroso grupo de dictaduras
y dictablandos
el tráfico de armas
el tráfico de órganos
el tráfico de blancas
las matanzas los genocidios
las violaciones y los accidentes automovilísticos
el hecho de que tú y yo ya no hagamos el amor
es sencillamente irrelevante.
‘Habitación de hotel’ - CRISTINA PERI ROSSI
jueves, 27 de diciembre de 2012
sábado, 22 de diciembre de 2012
... se deja ver
No
se deja ver
pero
está en las hojas al caer,
en
las flores y en los frutos se prende
un
instante eterno
para
quien quiera verlo.
No
se deja ver
pero
al alba nos saluda
y al
atardecer
nos
invita a detener.
No
se deja ver
pero
aparece
en
la cara del niño
y en
la del viejo.
Macula
los cuerpos,
se
ensaña con los que
que
poseyeron belleza,
cubre
e iguala los seres.
El
Tiempo,
el
más grande y duro de los maestros,
asesino
y bálsamo
(a
un tiempo).
.
martes, 18 de diciembre de 2012
viernes, 14 de diciembre de 2012
sábado, 1 de diciembre de 2012
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