Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Se acercaron al borde.
Los empujó, y volaron.
Guillaume Apollinaire
domingo, 27 de febrero de 2011
El travieso
Prisionera de ti.
¿Nací ya contigo?
¿no vas a irte?
¿tampoco vas a venir del todo, verdad?
Esto es una condena.
Tu ser y no ser.
Me anhelas, te acercas, me invades, te anhelo
y te vas… me engañas tanto…
Tus certeras flechas me alejan de ti,
te temo, me encoges... creo que me
me engatusas pero sigo creyéndote:
son tus brazos, que me invitan,
me rodean, me agarran, me alzan
y tus manos que tanto saben,
me incitan, me animan, me aprietan
tan cerca tan cerca
que podría fundirme en ti
y ser yo travieso también.
Afán vano. Fantasía.
No tienes brazos ni manos,
sólo flechas.
No te veo bien, ¿me seduces … o te burlas?
Casi me estallas de profundo sentir
cuando me dejas verte.
Me haces creer que estás un poco más allí,
y sigo yendo,
cada vez más cerca,
más serena
y menos prisionera tuya.
sábado, 26 de febrero de 2011
Corazón
“Hoy se sabe que la inteligencia está distribuida por todo el cuerpo y que hay maneras diferentes de pensar a las que hemos asumido como convencionales y basadas en el cerebro. El neurólogo Robert K. Cooper, en su excepcional libro El otro 90 por ciento, apunta: ‘Siempre que tenemos una experiencia, ésta no va directamente al cerebro para poder reflexionar sobre ella, sino que el primer lugar al que va es a las redes neurológicas de la región intestinal y del corazón’.
Has leído bien: ¡en el intestino y en el corazón hay neuronas o redes celulares que ejercen una función muy similar a la de las neuronas de nuestro cerebro!
Hoy ya se está hablando del ‘segundo cerebro’ (el del intestino) y del ‘tercer cerebro’ (el del corazón).
Los expertos que investigan sobre ello, especialmente Michael D. Gershon, de la Universidad de Columbia, afirman que en el conducto intestinal hay en torno a cien millones de neuronas, cifra superior a la que encontramos en la médula espinal. Lo más interesante es que este complejo circuito, aunque está conectado con el cerebro craneal, permite al intestino actuar independientemente, recordar, aprender e influir en nuestras percepciones y conductas.
Toda experiencia de vida crea lo que se ha dado en llamar un ‘sentimiento intestinal’: desde un leve hormigueo hasta un nudo en el estómago. Lo que ocurre es que la amplísima mayoría de la población no hemos sido educados para ponernos en contacto con ese sentimiento, y nuestro umbral de percepciones sólo se activa cuando la llamada de este segundo cerebro es muy fuerte.
El ‘tercer cerebro’ es el del corazón… ¡El corazón tiene cerebro! ¡Qué buena noticia! Está constituido por más de 40.000 células nerviosas unidas a una compleja red de neurotransmisores. El cerebro del corazón es tan grande como muchas áreas del cerebro craneal.
El campo electromagnético del corazón es el más poderoso del cuerpo. Es, de hecho, unas 5.000 veces mayor que el campo que genera el cerebro y es medible incluso a tres metros de distancia. Al igual que el cerebro del intestino, actúa independientemente, aprende, recuerda y tiene pautas propias de respuesta a la vida.
Lo interesante, además, es que dispone de habilidades hasta ahora intuidas, pero todavía no demostradas científicamente. Las corazonadas, las fuertes intuiciones que se revelan como realidades ciertas, se generan en el corazón.
Hoy ya es reconocido por la inteligencia convencional occidental lo que se sabía hace miles de años por las técnicas de meditación orientales: que el ritmo del corazón (del cerebro del corazón) puede alterar la efectividad del pensamiento cerebral. De alguna manera, el corazón, más que la cabeza, es el principal protagonista de lo que vivimos.
Diversos autores que han profundizado en el estudio de este ‘tercer cerebro’ sostienen que el ingenio, la iniciativa y la intuición nacen de él: este cerebro está más abierto a la vida y busca activamente una comprensión nueva e intuitiva de lo que más le importa a la persona en la vida.”
de ‘La Brújula Interior’ de Álex Rovira
Todos llevamos corazón a medias
Unos van con el corazón escondido
para los demás y para ellos mismos.
Otros dejaron el corazón enterrado
y han olvidado dónde.
Otros van con el corazón al aire,
mostrando sus heridas,
por si acaso así nos los hieren más.
Otros caminan dando puñetazos
porque llevan el corazón acorazado
y no sienten ni cuando dan
ni cuando reciben.
Hay quienes desconectaron de su corazón
hace tiempo.
Y quienes no pueden desconectarse
y a veces se ahogan de tanto sentir.
Pero dicen que los corazones no se rompen del todo,
siempre queda la mitad de la mitad,
y dice el poeta que si extiendes tu mano
y encuentras otra mano
que aprieta la tuya y te lleva,
resucita el pálpito.
Has leído bien: ¡en el intestino y en el corazón hay neuronas o redes celulares que ejercen una función muy similar a la de las neuronas de nuestro cerebro!
Hoy ya se está hablando del ‘segundo cerebro’ (el del intestino) y del ‘tercer cerebro’ (el del corazón).
Los expertos que investigan sobre ello, especialmente Michael D. Gershon, de la Universidad de Columbia, afirman que en el conducto intestinal hay en torno a cien millones de neuronas, cifra superior a la que encontramos en la médula espinal. Lo más interesante es que este complejo circuito, aunque está conectado con el cerebro craneal, permite al intestino actuar independientemente, recordar, aprender e influir en nuestras percepciones y conductas.
Toda experiencia de vida crea lo que se ha dado en llamar un ‘sentimiento intestinal’: desde un leve hormigueo hasta un nudo en el estómago. Lo que ocurre es que la amplísima mayoría de la población no hemos sido educados para ponernos en contacto con ese sentimiento, y nuestro umbral de percepciones sólo se activa cuando la llamada de este segundo cerebro es muy fuerte.
El ‘tercer cerebro’ es el del corazón… ¡El corazón tiene cerebro! ¡Qué buena noticia! Está constituido por más de 40.000 células nerviosas unidas a una compleja red de neurotransmisores. El cerebro del corazón es tan grande como muchas áreas del cerebro craneal.
El campo electromagnético del corazón es el más poderoso del cuerpo. Es, de hecho, unas 5.000 veces mayor que el campo que genera el cerebro y es medible incluso a tres metros de distancia. Al igual que el cerebro del intestino, actúa independientemente, aprende, recuerda y tiene pautas propias de respuesta a la vida.
Lo interesante, además, es que dispone de habilidades hasta ahora intuidas, pero todavía no demostradas científicamente. Las corazonadas, las fuertes intuiciones que se revelan como realidades ciertas, se generan en el corazón.
Hoy ya es reconocido por la inteligencia convencional occidental lo que se sabía hace miles de años por las técnicas de meditación orientales: que el ritmo del corazón (del cerebro del corazón) puede alterar la efectividad del pensamiento cerebral. De alguna manera, el corazón, más que la cabeza, es el principal protagonista de lo que vivimos.
Diversos autores que han profundizado en el estudio de este ‘tercer cerebro’ sostienen que el ingenio, la iniciativa y la intuición nacen de él: este cerebro está más abierto a la vida y busca activamente una comprensión nueva e intuitiva de lo que más le importa a la persona en la vida.”
de ‘La Brújula Interior’ de Álex Rovira
Todos llevamos corazón a medias
Unos van con el corazón escondido
para los demás y para ellos mismos.
Otros dejaron el corazón enterrado
y han olvidado dónde.
Otros van con el corazón al aire,
mostrando sus heridas,
por si acaso así nos los hieren más.
Otros caminan dando puñetazos
porque llevan el corazón acorazado
y no sienten ni cuando dan
ni cuando reciben.
Hay quienes desconectaron de su corazón
hace tiempo.
Y quienes no pueden desconectarse
y a veces se ahogan de tanto sentir.
Pero dicen que los corazones no se rompen del todo,
siempre queda la mitad de la mitad,
y dice el poeta que si extiendes tu mano
y encuentras otra mano
que aprieta la tuya y te lleva,
resucita el pálpito.
martes, 22 de febrero de 2011
Nubes II
Día nuboso
Sin nubes
Sólo gris
Nube entera
Nube sola
que no ves
Nubes escondidas
Nubes atrapadas
Gran nube que te engaña
Nubes que asoman
Nubes que bromean
Nubes trueno
Nubes que espantan
Estampidas de nubes
Nubes estampadas
lanzadas contra nubes muro
Nubes sobre nubes
Nubes a caballo
Nubes enfermas,
otras enfermeras
Nubes que casi no vienen
Nubes metálicas
Nubes que no se pueden mirar
Nubes rayo
Nubes rayadas
Nubes hirientes
Nubes que se marean
navegando en un mar de nubes
Azul y blanco
Blanco y azul
Nubes al óleo
Nubes que guardan luz
Destellos de nubes
Nubes siempre cambiantes
Nubes movedizas
Nubes del viento
A veces nubes de hielo,
otras de agua
Nubes al sol
¿y la luna?
con otras nubes
Nubes que se acuestan
plegándose unas con otras
Nubes de fundición
Agujeros en las nubes
por donde aletean las estrellas
…se inflaman…estallan…
A veces las nubes se corren.
Sin nubes
Sólo gris
Nube entera
Nube sola
que no ves
Nubes escondidas
Nubes atrapadas
Gran nube que te engaña
Nubes que asoman
Nubes que bromean
Nubes trueno
Nubes que espantan
Estampidas de nubes
Nubes estampadas
lanzadas contra nubes muro
Nubes sobre nubes
Nubes a caballo
Nubes enfermas,
otras enfermeras
Nubes que casi no vienen
Nubes metálicas
Nubes que no se pueden mirar
Nubes rayo
Nubes rayadas
Nubes hirientes
Nubes que se marean
navegando en un mar de nubes
Azul y blanco
Blanco y azul
Nubes al óleo
Nubes que guardan luz
Destellos de nubes
Nubes siempre cambiantes
Nubes movedizas
Nubes del viento
A veces nubes de hielo,
otras de agua
Nubes al sol
¿y la luna?
con otras nubes
Nubes que se acuestan
plegándose unas con otras
Nubes de fundición
Agujeros en las nubes
por donde aletean las estrellas
…se inflaman…estallan…
A veces las nubes se corren.
“El mejor destino que hay es el de supervisor de nubes, acostado en una hamaca mirando el cielo” R. Gómez de la Serna
domingo, 20 de febrero de 2011
Alguien más vivo
Sin nombre
" Una pesadilla te asalta con frecuencia:
llega un hombre herido, por la noche,
a tu casa
-sitúas el agujero en el pecho, a la izquierda...
Su sangre al brotar mancha
tu puerta, al apoyarse,
casi desvaneciéndose...
Quiere que le dejes entrar.
Es como el alma de un amante
muerto y resucitado
hambriento aún
sólo que no está muerto. Y aunque el vello en tus brazos
se eriza y un aire frío
que de él proviene
cruza tu umbral,
no has visto a nadie más vivo que él
cuando te toca, apenas roza tu mano
con la izquierda suya, su mano limpia,
y un "por favor" susurra,
en cualquier idioma...
Tú no eres médico ni nada parecido.
Has llevado una vida normal,
lo que un observador llamaría "sin tacha".
Detrás, en la mesa,
hay un cuenco con fruta,
una silla, un cuchillo,
un plato con pan...
Es primavera, y el viento de la noche
huele, húmedo, a marga removida
y a flores tempranas.
La luna irradia su belleza
que como belleza ves al fin,
tan cálida y ofreciéndolo todo.
... Sólo hay que tomarlo.
Oyes ladrar perros distantes.
La puerta está entreabierta
o entrecerrada:
así permanece y tú no puedes despertar. "
Margaret Atwood
" Una pesadilla te asalta con frecuencia:
llega un hombre herido, por la noche,
a tu casa
-sitúas el agujero en el pecho, a la izquierda...
Su sangre al brotar mancha
tu puerta, al apoyarse,
casi desvaneciéndose...
Quiere que le dejes entrar.
Es como el alma de un amante
muerto y resucitado
hambriento aún
sólo que no está muerto. Y aunque el vello en tus brazos
se eriza y un aire frío
que de él proviene
cruza tu umbral,
no has visto a nadie más vivo que él
cuando te toca, apenas roza tu mano
con la izquierda suya, su mano limpia,
y un "por favor" susurra,
en cualquier idioma...
Tú no eres médico ni nada parecido.
Has llevado una vida normal,
lo que un observador llamaría "sin tacha".
Detrás, en la mesa,
hay un cuenco con fruta,
una silla, un cuchillo,
un plato con pan...
Es primavera, y el viento de la noche
huele, húmedo, a marga removida
y a flores tempranas.
La luna irradia su belleza
que como belleza ves al fin,
tan cálida y ofreciéndolo todo.
... Sólo hay que tomarlo.
Oyes ladrar perros distantes.
La puerta está entreabierta
o entrecerrada:
así permanece y tú no puedes despertar. "
Margaret Atwood
viernes, 18 de febrero de 2011
Disueltos
"Si existiera alguna manera de extraer todo el espacio vacío de los átomos de nuestros cuerpos, la humanidad cabría realmente en el espacio ocupado por un terrón de azúcar... El 99,9999999999999 por ciento del volumen de la materia normal es espacio vacío.
En un pasado, todas las partículas del universo estaban en el mismo estado porque todas estaban juntas en el Big Bang. En consecuencia, todas las partículas del universo están en alguna medida entrelazadas entre ellas...Hay una telaraña fantasmal de conexiones cuánticas de materia de la galaxia más distante. Vivimos en un universo telepático. Los físicos todavía no han averiguado lo que esto significa en realidad."
de 'El zoo cuántico' de Marcus Chown
En un pasado, todas las partículas del universo estaban en el mismo estado porque todas estaban juntas en el Big Bang. En consecuencia, todas las partículas del universo están en alguna medida entrelazadas entre ellas...Hay una telaraña fantasmal de conexiones cuánticas de materia de la galaxia más distante. Vivimos en un universo telepático. Los físicos todavía no han averiguado lo que esto significa en realidad."
de 'El zoo cuántico' de Marcus Chown
domingo, 13 de febrero de 2011
Nubes I
Nubes suaves
Nubes azules
Nubes infladas
Nubes melocotón
Nubes gordas
Nubes de guiñol
Nubes evaporadas
Vapor de nubes
Nubes intensas de rosa
Hilos de nubes
Nubes que nos miran,
otras nos vigilan
Nubes que se ríen
Nubes mudas
Nubes casi rojas
Nubes blancas
Nubes sin color
Nubes a borbotar
Nubes que salpican
Nubes que ocultan
Nubes de árbol
Nubes de ciudad
Nubes desaparecidas
Nubes que se deshacen
Nubes que se dejan caer
Nubes que van a chocar
Nubes que tropiezan,
… que se acompañan,
… que penetran,
… que se acogen,
Nubes parlantes
Nubes musicales
Nubes para jugar
Juegos de nubes
Nubes de ángel
Nubes con estrella
Nubes negras
Nubes inalcanzables
Nubes que se van
Nubes de sueño,
otras con sueño
Nubes para soñar
Nubes que se despiertan
Nubes indescifrables
Nubes que no veo
Nubes lejanas
Nubes para dibujar
Caminos de nubes
Más nubes
Nubes que me duelen
Nubes que me calman
Nubes de noche oscura
Nubes de tango
Nubes todos los días
Nubes que vienen del mar:
Queridas nubes
Nubes que vienen de amar
… cansadas
Nubes que dejan de ser nubes
Nubes que quieren ser nubes
Nubes que descienden, se estiran
… y te acarician...
Nubes al fin
Nubes
Azules
Nubes
Nubes para mirar
Todas… pueden verse
desde mi ventana
Nubes azules
Nubes infladas
Nubes melocotón
Nubes gordas
Nubes de guiñol
Nubes evaporadas
Vapor de nubes
Nubes intensas de rosa
Hilos de nubes
Nubes que nos miran,
otras nos vigilan
Nubes que se ríen
Nubes mudas
Nubes casi rojas
Nubes blancas
Nubes sin color
Nubes a borbotar
Nubes que salpican
Nubes que ocultan
Nubes de árbol
Nubes de ciudad
Nubes desaparecidas
Nubes que se deshacen
Nubes que se dejan caer
Nubes que van a chocar
Nubes que tropiezan,
… que se acompañan,
… que penetran,
… que se acogen,
Nubes parlantes
Nubes musicales
Nubes para jugar
Juegos de nubes
Nubes de ángel
Nubes con estrella
Nubes negras
Nubes inalcanzables
Nubes que se van
Nubes de sueño,
otras con sueño
Nubes para soñar
Nubes que se despiertan
Nubes indescifrables
Nubes que no veo
Nubes lejanas
Nubes para dibujar
Caminos de nubes
Más nubes
Nubes que me duelen
Nubes que me calman
Nubes de noche oscura
Nubes de tango
Nubes todos los días
Nubes que vienen del mar:
Queridas nubes
Nubes que vienen de amar
… cansadas
Nubes que dejan de ser nubes
Nubes que quieren ser nubes
Nubes que descienden, se estiran
… y te acarician...
Nubes al fin
Nubes
Azules
Nubes
Nubes para mirar
Todas… pueden verse
desde mi ventana
sábado, 12 de febrero de 2011
Un guerrero
“…Tomás de Aquino, en uno de esos detalles de genio que me reconcilian con él, definió lo arduo como lo elevatum supra facilem potestatem animalis, lo que supera las facultades animales, que son facultades de lo fácil. ¡Fantástica idea! El animal y el cobarde siguen siempre la lógica de la facilidad, que es a lo que todos nos sentimos tentados. Vladimir Jankélevitch –un penetrante analizador de los sentimientos humanos- dice en uno de sus libros: “El miedo es, como la mentira, una tentación de la facilidad”. Ya he mencionado las relaciones entre la mentira y el miedo. ¿Por qué voy a esforzarme, cuando es tan fácil claudicar? ¿Por qué voy a decir la verdad, cuando es tan fácil mentir? Pensar la verdad y decirla entra dentro de lo arduo, que empieza a delinearse como una heredad incómoda pero irremediablemente nuestra. Recuerdo una anécdota que cuenta Antoine de Saint-Exupéry en Terre des hommes. Va a visitar en el hospital a Guillaumet, un amigo piloto que ha tenido un accidente en los Andes y que ha conseguido atravesar las montañas heladas. Al contarle su aventura, Guillaumet le dice: “Lo que yo he hecho, te lo juro, no lo habría hecho ningún animal”. Me recuerda también una frase atribuida a Caballo Grande, jefe de los sioux: “Un guerrero –el guerrero ha sido siempre el prototipo del valiente- es aquel que puede atravesar una tormenta de nieve cuando ningún otro puede hacerlo”. No creo que necesite advertir al inteligente lector que si al hablar del miedo pasamos de la noción de ‘peligro’ a la noción de ‘lo difícil’ estamos dando a la valentía un ámbito de acción mucho más amplio, cotidiano y cercano. La pereza puede ser un tipo de cobardía, por poner un ejemplo. Y entendemos que Gracián elogiara la pintura de Velázquez diciendo que ‘pintaba a lo valiente’, es decir, arrojándose al lienzo con determinación y sin cautelas.En muchas ocasiones he afirmado que nuestra búsqueda de la felicidad es con frecuencia desgarradora, porque estamos movidos por dos deseos contradictorios: el bienestar y la superación. Necesitamos estar cómodos y necesitamos crear algo de lo que nos sintamos orgullosos, y por lo que nos sintamos reconocidos. Una actividad que dé un sentido a nuestra existencia, por muy ilusorio que sea ese sentido. Tenemos, pues, que armonizar anhelos contradictorios. Necesitamos construir la casa y descansar en ella. Necesitamos estar refugiados en puerto y navegando. Ahora puedo completar la descripción. Aspiramos a huir de la angustia y a enfrentarnos a ella. La búsqueda obsesiva del bienestar fomenta el miedo, nos convierte a todos en sumisos animales domésticos, y la sumisión es la solución confortable –y por eso amnésica- del temor. La valentía, en cambio, nos libera, pero –molesta contrapartida- nos hace perder parte del bienestar. Hace despertar en el gatito modorro al felino libre que vive, sin duda, menos cómodo, sin calefacción, sin cestito, sin comida puesta, y sin arrumacos. Nos lanza al descampado, que es el territorio de la libertad y de la creación.”
De ‘Anatomía del miedo, un tratado sobre la valentía’ de José Antonio Marina, que lo leí hace tiempo pero que hoy he cogido el libro sin intención clara y se ha abierto por esta página.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Cuento de invierno
Juan es un hombre serio, tímido, hosco. De adolescente tuvo una novia poco expresiva, que le decía 'jo, no me quieres', ella tampoco era cariñosa. Luego se casó con una mujer simpática y muy habladora, todo lo decía ella, luego a solas, tampoco le abrazaba ni besaba, ella esperaba a que lo hiciera él, que sólo pudo hacerlo el primer día después de un esfuerzo casi inhumano y alguna copa. Las noches fueron pasando. Y los días también. Se separaron. Lleva ya veinte años solo. Trabaja en la forja del hierro, le gusta, sobre todo ver el color del hierro incandescente y el calor.
Un día se encontró con una mujer que desde hacía tiempo se miraban, se habían saludado en el súper algún que otro momento y por fin se decidieron a tomar un café. Después de un buen rato hablando la mujer, algo cansada pero muy amable, le dijo medio en broma algo así: volverás a la vida, nacerás como varón o mujer, no lo sé, pero serás un bebé muy llorón porque necesitarás muchos abrazos, muchos besos y muchos achuchones de todos los que te rodeen para que vuelvas a vivir.
Esa noche acompañó a la mujer a su casa, se dieron los teléfonos. Luego decidió ir a ver a su hermano y su único sobrino que había nacido hace un año, apenas lo veía y decían no paraba de llorar, los padres discutían porque la madre no podía callarlo, el padre tenía que trabajar muy temprano y no podía dormir, la madre dice que estaba harta, que necesitaba salir y tener vida propia, que le entraban ganas de tirar al niño por la ventana… Vio a su sobrino en su cuna, tieso, de pie agarrándose a los barrotes de la cuna, llorando. Su hermano preparando la cena y oyendo la radio, su cuñada nerviosa revisando cuentas, ‘déjalo, que se acostumbre cuanto antes a ser fuerte en esta vida, es bueno que llore, ensancha los pulmones, ya se cansará y se dormirá’ oyó que le decían.
Desde aquel día, al salir de la forja suele ir a casa de su hermano, cuando nadie le ve alza a su sobrino y lo abraza, lo besa y lo achucha. Cada día un poco más. Después se va a su casa.
Un día se encontró con una mujer que desde hacía tiempo se miraban, se habían saludado en el súper algún que otro momento y por fin se decidieron a tomar un café. Después de un buen rato hablando la mujer, algo cansada pero muy amable, le dijo medio en broma algo así: volverás a la vida, nacerás como varón o mujer, no lo sé, pero serás un bebé muy llorón porque necesitarás muchos abrazos, muchos besos y muchos achuchones de todos los que te rodeen para que vuelvas a vivir.
Esa noche acompañó a la mujer a su casa, se dieron los teléfonos. Luego decidió ir a ver a su hermano y su único sobrino que había nacido hace un año, apenas lo veía y decían no paraba de llorar, los padres discutían porque la madre no podía callarlo, el padre tenía que trabajar muy temprano y no podía dormir, la madre dice que estaba harta, que necesitaba salir y tener vida propia, que le entraban ganas de tirar al niño por la ventana… Vio a su sobrino en su cuna, tieso, de pie agarrándose a los barrotes de la cuna, llorando. Su hermano preparando la cena y oyendo la radio, su cuñada nerviosa revisando cuentas, ‘déjalo, que se acostumbre cuanto antes a ser fuerte en esta vida, es bueno que llore, ensancha los pulmones, ya se cansará y se dormirá’ oyó que le decían.
Desde aquel día, al salir de la forja suele ir a casa de su hermano, cuando nadie le ve alza a su sobrino y lo abraza, lo besa y lo achucha. Cada día un poco más. Después se va a su casa.
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